La odisea del torero Galdós en Perú: 24.700 kilómetros, seis corridas y 71.000 espectadores

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13 ago 2022

Bitácora del último viaje de Joaquín Galdós a su tierra

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La carrera del torero Joaquín Galdós se reparte a los dos lados del Atlántico. En España, su temporada 2022 ha discurrido por algunas de las plazas de mayor categoría de nuestro país, como la Real Maestranza de Sevilla o la Monumental de Las Ventas en Madrid. Y en su Perú natal, sus comparecencias se esparcen por todo el país, desde la bella y señorial plaza de Acho, en Lima, hasta las plazas de la provincia, donde el toreo se vive con auténtico fervor.


Desde el 31 de agosto, Galdós se ha insertado en una gran gira por el interior de su país para llevar la cultura taurina a todos los rincones de Perú. La Gaceta de la Iberosfera ha querido acompañar su viaje de la mano de su hermano Salvador, que nos relata en primera persona la auténtica odisea del torero, que recorrerá miles de kilómetros por tierra y aire para seguir defendiendo y cultivando el arte del toreo.

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Todo empieza en España, en el País Vasco. Mi hermano Joaquín Galdós toreó en Azpeitia, el 31 de julio, sabiendo que al día siguiente tendría que salir a las 10:00 de la mañana del aeropuerto de Madrid. El festejo salió bien, la verdad es que cuajó una tarde muy importante y cortó una oreja de peso ante los siempre exigentes toros de la ganadería portuguesa de Murteira Grave, una de las más esperadas por la afición.

Una vez terminó la corrida, a eso de las 21:30, salimos en cuanto pudimos rumbo a Madrid. Cenamos con prisas en la carretera, lo hicimos en familia, parándonos por el camino en un McDonald’s. Llegamos a la capital aproximadamente a las 2:30 de la madrugada. Yo, por ejemplo, me acosté a las 3:30, porque había que cambiar las maletas y preparar todo lo necesario para el viaje a Lima. A las 7:30 de la mañana, la comitiva ya estaba nuevamente en marcha, camino al Aeropuerto de Barajas. Desde ese punto, yo sigo el viaje desde Madrid, apoyando en lo posible la operación desde suelo español.


No es la primera vez que Joaquín encadena un número importante de festejos en Perú, de hecho el pasado mes de junio toreó cinco corridas en seis días, pero lo cierto es que entonces compareció tres tardes en Chota y dos en Cutervo. Esta vez, el reto es diferente. Se trata de torear seis corridas en siete días, en las localidades de Chalhuanca, Celendín (donde estoqueará cuatro toros en solitario), Sicaya y Coracora (donde hará doblete).


En el aeropuerto, el trayecto pendiente era un vuelo con escala que conecta primero Madrid con Bogotá y después continúa de Bogotá a Lima. Los vuelos directos a Perú no salen a una hora tan temprana del día como para llegar a tiempo a nuestro destino, de modo que la única opción válida es la de la escala en Colombia.


El primer vuelo, de Madrid a Bogotá, se extiende por unas diez horas; el segundo, de Bogotá a Lima, se prolonga algo más de tres horas. A eso hay que sumarle los tiempos de desplazamiento al aeropuerto, el trasiego de la facturación, las horas de espera, el embarque, la escala entre el primer y el segundo vuelo, los trámites en aduanas y los tiempos de recogida de los equipajes.


A la salida del aeropuerto, a Joaquín le esperaba el chófer designado para el primer tramo de la mini-gira por el país. Ya en la furgoneta, tocaba recorrer unos 500 kilómetros por carretera, que suponen unas seis horas de complicada conducción hasta llegar a Nazca, donde Joaquín pasó la noche del 1 al 2 de agosto. La mañana siguiente, la ruta continuó rumbo a Chalhuanca, donde estaba apalabrada la primera comparecencia taurina.


Ir de Nazca a Chalhuanca supone otras seis horas de viaje. La distancia es más corta, pero la orografía es muy compleja, puesto que el trayecto está lleno de curvas y de subidas montañosas. Merece la pena el esfuerzo, puesto que ver toros en Chalhuanca supone presenciar un acontecimiento muy especial, ya que en su plaza y en el cerro contiguo se reúnen 8.000 espectadores. Y no solo eso, sino que el recinto está junto al bello Santuario Señor de las Ánimas. La verdad es que es una estampa única y característica del Perú taurino.


Al día siguiente, Joaquín toreaba en Celendín, en el departamento de Cajamarca, que está mucho más al norte. Esto exigía volver conduciendo hasta Lima, de modo que hubo que hacer doce horas de coche: seis horas para volver de Chalhuanca a Nazca y otras tantas para regresar a la capital. La furgoneta estaba especialmente habilitada, con un colchón a medida para que mi hermano pudiese dormir durante el largo camino. El conductor se turnó con mi padre para poder descansar sin que se detuviese la comitiva.


Ya en Lima, después de doce horas de desplazamiento en coche, la furgoneta aterrizó en el aeropuerto, donde Joaquín se subió a un vuelo matinal, a eso de las 9:00 de la mañana, rumbo a Cajamarca. Tras aterrizar en el destino, se dispuso un nuevo viaje en carretera, esta vez de dos horas. El destino era Celendín, la segunda parada taurina del viaje, donde los toros se organizan en una histórica plaza de palos donde caben hasta 15.000 personas. La corrida fue muy exigente, puesto que Joaquín lidió en solitario cuatro toros de la ganadería de San Simón. A la conclusión del festejo, Joaquín regresó a Cajamarca, completando otras dos horas de carretera para hacer noche en un hotel.


Por la mañana del 4 de agosto, el periplo continuó. Ahora tocaba coger un vuelo matinal que llevase al torero de vuelta a Lima. Ya en el aeropuerto de la capital, tras dos horas de viaje, Joaquín completó otra escala y se embarcó en un segundo avión, rumbo a Jauja. Una vez en su destino, se desplazó por carretera hasta la localidad de Sicaya, siguiente parada de esta intensa gira.


El trayecto de Jauja a Sicaya es más asequible, puesto que ronda los 40 minutos de duración. Esta vez, mi hermano toreaba con otro diestro peruano Juan Carlos Cubas, y con el español Román Collado. El encierro reseñado fue de la ganadería de Santa Rosa de Lima. Pero, cuando parecía que todo iba bien, resultó que el equipaje de mi hermano no había sido enviado correctamente de Lima a Jauja, de modo que Joaquín no tenía a su disposición sus útiles de torear y, sobre todo, sus vestidos de luces. En un viaje así no hay mucho tiempo para pensar, o sea que la decisión que se tomó a última hora fue que Joaquín torearía con uno de los trajes de sus banderilleros. Se da la curiosidad de que, en el festejo de Sicaya, la corrida reseñada era de nuestra ganadería familiar, Santa Rosa. En los tendidos, unas 4.000 personas.


Esa noche, mi hermano durmió en Concepción, una localidad ubicada a 25 minutos de Sicaya. A la mañana siguiente tocaba volver al aeropuerto de Jauja, lo que supuso otros 25 minutos de viaje en carretera. Una vez allí, el vuelo a Lima supone aproximadamente 50 minutos, pero a eso hay que sumarle todos los trámites y tiempos de espera propios de los aeropuertos. Tampoco ayuda que el vuelo de Jauja a Lima saliese a las 7:00 de la mañana… Ya en Lima, Joaquín se reunió con Rafaelillo, que acababa de aterrizar en Perú.


La jornada del 5 de agosto fue algo más relajada, porque no había ningún festejo programado para esa fecha. Eso sí: el viaje en furgoneta desde el aeropuerto de Lima hasta Coracora es muy exigente, porque las condiciones de las carreteras son duras. Al menos, el recorrido fue más ameno por la coincidencia de Joaquín con Rafaelillo y Román, con quienes mantiene un trato muy amistoso y de genuina admiración mutua. En total, ese desplazamiento de 705 kilómetros supone once horas de viaje, pasando nuevamente por Nazca, que está justo a medio camino. Una rueda estuvo a punto de complicar las cosas, pero por suerte no fue más que un pequeño contratiempo.


Joaquín estaba anunciado en dos de las tres tardes de la Feria de la Virgen de las Nieves que se celebra en la plaza de toros de Coracora. Entre el público que llena el recinto y los asistentes que se citan en los cerros y montañas colindantes, cada espectáculo cuenta con más de 22.000 espectadores presentes. Se da la peculiaridad, además, de que los festejos de Coracora son de nueve toros en vez de seis, de modo que hablamos de espectáculos muy largos y de un público verdaderamente apasionado por la Fiesta Brava.


Después de hacer doblete los días 6 y 7 de agosto, los compromisos taurinos llegaron a su fin. Tras la corrida del 7 de agosto en Coracora se optó por hacer noche en Nazca, lo que supone unos 250 kilómetros de desplazamiento y requiere de algo más de 5 horas y media de tiempo en carretera. Al día siguiente, el 8 de agosto, el viaje llegó a su fin, con los 450 kilómetros que llevaron la furgoneta de regreso a Lima. Desde allí partió el avión de regreso a España, que recorre en 11 horas y 40 minutos los 9.520 kilómetros de trayecto hasta la llegada a Madrid. En total, el viaje supuso 24.771 kilómetros de desplazamientos por aire y por carretera. Los seis festejos celebrados reunieron a más de 71.000 espectadores. Todo un derroche de pasión por el toreo y de amor por la permanencia de la cultura taurina en Perú.


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